Guapas y Confinamiento

Con la entrada de la modernidad en Occidente aparecen una serie de instituciones de encierro para ubicar a los sujetos que desafían o irrumpen en el orden económico, político y social establecido. Con el fin de producir cuerpos más dóciles y obedientes aparecen la cárcel, el hospital psiquiátrico y desde mucho antes la escuela como escenarios de disciplinamiento.

Con el paso del tiempo, han ido apareciendo otras estrategias para marginar y encerrar a cierto tipo de sujetos, sin que necesariamente estén dentro de una institución. Basta con producir y reproducir una serie de patrones de “normalidad” y “anormalidad” para poder aislarles y castigarles por no acomodarse al ideal de lo humano.

Así, algunas comunas, barrios e incluso algunas calles han empezado a perfilarse como espacios otros, como los llamó Foucault, en los que se ubican quienes rompen con el modelo de normalidad social, económica, sexual y de género. Manizales, aunque sea una ciudad pequeña, no ha escapado a esta dinámica y la Galería o Plaza de Mercado aparece como un espacio otro de la ciudad popularmente conocido y habitado por usuarios de sustancias psicoactivas, habitantes de calle, personas que se dedican al hurto o al sicariato, vendedorxs informales y trabajadoras sexuales trans y cisgénero.

Las trabajadoras sexuales trans han llegado allí desde finales de los noventas, y desde el año 2000 han permanecido en una calle que anteriormente se nombraba desde el estigma de la suciedad y la infección: “la calle del bollo” o “la calle de la penicilina”. A partir del proceso de colectivización social de estas mismas mujeres, han iniciado la reapropiación y resignificación de ese espacio, amarrado a una nueva forma de nombrar su identidad: la Calle de las Guapas.

Aunque este se ha vuelto su refugio y su lugar propio, sigue siendo el lugar que social, institucional y normativamente se ha legitimado para su permanencia, negándoles la libre circulación por los demás espacios públicos de la ciudad, debido la criminalización que ha recaído sobre las mujeres trans, trabajadoras sexuales pobres. Se presume que siempre están ejerciendo el trabajo sexual y son continuamente expulsadas de plazas, parques, calles y establecimientos, en los que la Policía Nacional aparece como la institución encargada de esta labor, aunque las leyes colombianas se oponen a esto.

Aunado a lo anterior, las Guapas residen en espacios precarios y vulnerables que hacen parte de las comunas con mayores índices de criminalidad, inseguridad, pobreza y escaso acceso al espacio público efectivo. La ciudad para las Guapas se ha vuelto un triángulo: solo transitan por la Calle de las Guapas, el lugar en el que residen y otra calle o plaza contigua a la Galería en la que buscan servicios de alimentación o en los que se ubican bares, hoteles o residencias. A este fenómeno le hemos llamado confinamiento, lo que significa que los espacios se vuelven lugares de encierro, de frontera y aislamiento en los que se excluye la diferencia.

Las Guapas no solo son víctimas del confinamiento, también resisten a él de múltiples maneras, intentando romper el triángulo en el que se les ha convertido la ciudad. Ante los espacios otros que buscan invisibilizarlas, se crean desobediencias emergentes que insisten en mostrar su existencia. 

Tránsitos

Somos un colaboratorio de investigación-acción que desde el año 2017 busca sumar intereses y pasiones existenciales, políticas e intelectuales para construir conocimiento sobre la acción colectiva, haciendo uso de múltiples perspectivas epistemológicas, teóricas y metodológicas de las ciencias sociales y humanas, así como de saberes que emergen desde los procesos sociales y la creatividad social.  

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